Historia del pueblo haida

09.01.2018


Prehistoria


El pueblo haida se asentó en la el archipiélago Reina Carlota y algunas zonas de Alaska hace 8000 años aproximadamente. La áspera orografía, la abundante fauna y flora salvaje, los bosques de cedro y la proximidad del mar, fueron elementos que permitieron su supervivencia durante siglos. La necesidad de una buena administración de la tierra hizo propició el desarrollo de una cultura basada en el respeto por la naturaleza y los animales. De todos los habitantes de la costa Noroeste del Pacífico, los haidas fueron los mejores talladores, pintores y constructores de canoas y casas. 

Los primeros rastros de la presencia de esta civilización consisten en herramientas de piedra toscamente talladas, encontradas en áreas inter-mareales que hace muchos tiempo fueron tierra seca (hace entre 13.000 y 11.000 años, durante la última Edad de Hielo). Desde tiempos inmemoriales, las canoas oceánicas permitieron a estos primeros habitantes comunicarse con los vecinos del norte, de quienes adoptaron nuevas formas de herramientas, como las escamas de piedra afiladas llamadas microcuchillas. Hubo un uso preferente de obsidiana como material, un vidrio volcánico del que se pueden tomar las huellas dactilares para identificar su lugar de origen.

Los estudios arqueológicos han localizado sitios en todas partes de Haida Gwaii que indican que la población era ya considerable hace 5000 años. En ese momento, su economía se estaba expandiendo desde una dependencia primaria de la caza y la pesca para incluir la cosecha de mariscos de las enormes áreas que rodean muchas de las vías fluviales más protegidas de las islas. La abundancia de mariscos proporcionaba un suministro de alimento prácticamente inagotable; también posibilitó una estabilidad de residencia que permitió el establecimiento de aldeas más permanentes donde se podían almacenar alimentos, herramientas y otros objetos materiales, así como el desarrollo de artesanos que podrían dedicar más tiempo al arte. Estos cambios llevaron al refinamiento de las herramientas y destrezas para trabajar la madera, que a su vez permitieron la construcción de canoas más grandes y más elaboradas, así como de casas de tablas más grandes. 



La mejora de las embarcaciones también significó que los haidas podían viajar en busca de recursos alimenticios en áreas más lejanas, y que la guerra, en particular contra las tribus continentales, resultaba una empresa rentable. De hecho, en el momento del primer contacto con los europeos, los haida podían atacar desde la fortaleza de su isla y cruzar las traicioneras aguas del estrecho de Hécate, que solo ellos habían llegado a dominar, con poco temor a la retribución de los enemigos de la parte continental.

Al igual que otros pueblos de la costa noroeste, los haida se defendieron con fortificaciones, incluyendo empalizadas, trampillas y plataformas. Llegaron a construir grandes canoas oceánicas, lo suficientemente grandes como para acomodar hasta 60 remeros, cada uno creado a partir de un árbol de cedro rojo. Desarrollaron también armas efectivas para las batallas navales, incluyendo un sistema especial de anillos de piedra que pesaban entre 18 y 23 KG que podría destruir la canoa de un enemigo y ser reutilizado después gracias a una cuerda de corteza de cedro.

Llegada de los europeos



El primer europeo en entrar en contacto con el pueblo haida fue Juan Pérez, un explorador español, en el año 1774. Sin embargo, no fue hasta 1787 que el explorador británico Gorge Dixon nombró las islas después de que su nave atracara en las islas Reina Carlota.

Al igual que otras sociedades aborígenes, la forma de vida de los haidas cambió con la llegada de los europeos a fines del siglo XVIII. La enfermedad, especialmente la viruela, repercutió negativamente al pueblo y muchos de los habitantes murieron. Algunas personas estiman que hasta el 95 por ciento de la población haida murió a causa de la enfermedad. Un censo de la Hudson's Bay Company en 1885 demostró que solo quedaban unos 800 haidas. En 1915, había aún menos: solo 588. Ahora hay alrededor de 4 000.

Los europeos también trajeron alcohol, lo que creó aún más problemas. Sus vidas también cambiaron cuando el gobierno canadiense les impidió tener potlatches (sobre el potlatch tenemos un artículo muy informativo en esta misma página) y hacer tótems. Estas dos cosas fueron importantes para que los Haida siguieran siendo personas felices, pues era la expresión de su propia identidad. El gobierno canadiense en ese momento quería alentar a los Haida a ser más como europeos y llevar a cabo una estrategia de asimilación cultural. 



Los haida reemplazaron el arco y la flecha y la lanza por las armas de fuego tan pronto como estuvieron disponibles a principios del siglo XIX. Acogieron abiertamente a los europeos porque muy supersticiosos y creyeron que estos eran fantasmas enviados por sus antepasados, sobre todo por el Cuervo, la deidad que veneraban, un ser sobrenatural que creó el mundo con el fuego que robó a su padre el Águila. 

En 1856, una expedición en busca de una ruta a través de la isla de Vancouver se encontraba en la desembocadura del río Qualicum cuando observaron una gran flota de canoas haida que se acercaban y se escondían en el bosque. Las alarmas saltaron cuando vieron que estos sostenían cabezas humanas. Cuando los exploradores llegaron a la desembocadura del río, encontraron los restos calcinados de la aldea de Qualicum y los cuerpos mutilados de sus habitantes, con una sola sobreviviente, una anciana, escondida aterrorizada dentro de un tocón de árbol.



Contemporaneidad


Actualmente, Nación Haida ha reclamado en numerosas ocasiones el autogobierno sobre Haida Gwaii, pero no ha podido llegar a un acuerdo formal con el gobierno de Columbia Británica (Canadá), por lo que se ha retirado de las negociaciones del tratado. Sin embargo, los haidas han continuado negociando con el gobierno provincial, llegando a cosechar una serie de éxitos que incluyen la protección de áreas de importancia cultural, la reducción de la tala a la mitad, el acceso a recursos y ingresos relacionados, mayores protecciones ambientales y participación continua en un modelo de relaciones de "gobierno compartido" en lugar de un autogobierno directo.

La Constitución de la Nación Haida establece:

"La Nación Haida es el legítimo heredero de Haida Gwaii. Nuestra cultura nace del respeto e intimidad con la tierra y el mar y el aire que nos rodea. Al igual que los bosques, las raíces de nuestra gente están entrelazadas de tal forma que los mayores problemas no pueden vencernos. Le debemos nuestra existencia a Haida Gwaii. La generación viviente acepta la responsabilidad de asegurar que nuestro patrimonio pase a las siguientes generaciones. En estas islas nuestros antepasados ​​vivieron y murieron y aquí también, haremos nuestros hogares hasta que los llamemos para unirnos a ellos en el gran más allá".